lunes, 19 de mayo de 2014

Entrada ocho



El ser humano y la vida son uno.
La vida y la cultura son, obviamente, uno.
El amar u odiar la cultura que nos toca vivir es una opción, amar la libertad es una opción.
Como expliqué en mi entrada pasada, la moral es considerada una masa de valores que puede tomar (y de hecho, toma) cualquier forma. Pasa lo mismo con todo el resto de las cosas que puedan pasar por el ojo humano.
Hoy se valoran ciertas cosas, ayer se valoraban otras, hace diez años se valoraban otras y hace cien años otras más diferentes. Dentro de lo personal, tengo la teoría de que todo se está yendo bien a la mierda.
Lo importante es poco, lo importante no es de larga duración, no suele servir demasiado, suele ser momentáneo, pasajero, efímero. Suelo pensar en estas cosas cada vez que veo una buena obra de arte, una gran obra, que se identifica con el que la vea, de una forma u otra.
Siempre pienso en lo mismo; mi vida, la disconformidad, la tentación por una libertad completamente verdadera, y eso lo transporto a la especie; al hombre.
Ponete a reflexionar sobre esto; basta levantarte cada mañana para ver al orgullo en su máxima expresión; Anuncios, libros, gestos, personas, cosas que quieren hablar pero que no pueden. O dicen otra cosa.
Gente buena, gente mala, educadores, padres, hijos, gente amada, gente ignorada, gente saludable y gente no tanto, gente con manejo de sus facultades y gente mal de la cabeza, y el orgullo; está en todas partes. El orgullo y la vanidad más absolutos están en todas partes.
¿En qué nos hemos convertido, que valoramos más una sonrisa de buenos días que una cruda verdad? ¿Que disfrutamos más condicionando la vida de los demás que valorando la nuestra propia (que es cada vez más difícil)? ¿Que ni siquiera nos ponemos a pensar el por qué de tantas cosas que podrían sernos útiles o, simplemente, nos harían felices por el hecho de saberlas?
El ser humano es un animal racional que tiene a la imitación y a las costumbres, que cada vez se están haciendo más enfermizas, cada vez se explota más el culto del miedo y la sumisión. Y hablo de cada día de muchos de nosotros.
La gente cada vez se exige menos, lee menos, aprende menos, ostenta más, se ríe cada vez más falsamente, marchitando la verdadera personalidad que pueden llegar a tener adentro.
¿Las exigencias sociales son cada vez más fuertes o el ser humano se está haciendo cada vez más débil? Depende de quién lo mire, yo optaría por la opción segunda. Por todo lo que se pudo registrar en otras épocas mucho anteriores a esta, no hace falta saber mucho de ellas para decir que las exigencias sociales eran mucho más opresivas que las de ahora; ahora somos un mundo libre, poético, muchas veces hermoso y animal, con sus buenas y malas matices que le caracterizan. Hay mucha libertad.
¿Qué pasa, eh? ¿Tanta libertad nos asfixia? Hay gente que nisiquiera puede hablar en público por el miedo al ridículo. Todas las personas que veo cada día no quieren tomar esa libertad, no la quieren usar, la quieren dejar allí, y cada vez están opacando más a los que pueden llegar a ser útiles, solo por el placer del momento.El dominio de la libertad no es nada de nacimiento; TODOS NOSOTROS podemos llegar a ser útiles y muy felices sin que un artículo de una revista o un librito de religión tenga que decirnos cómo. Pero no queremos ser felices. Tamaña libertad, claro, pero nadie se ve capaz de manejarla. La gente es extremista; o quiere ser extremadamente feliz o quiere ser increíblemente triste, ya que el balance entre estos dos puntos puede llevarnos al dolor. Y en estos años, más que nunca, estamos evitando en abundancia el dolor. Expresarse libremente es cada vez más dificil, ya que el obstáculo es uno mismo, según dice el Vox Pópuli, por eso digo que la gente está cada vez más débil para enfrentar a la vida y al mundo para llegar al lejano obstáculo; lo que sea que fuere, todo ser humano tiene algo grande para ganarse, y puede elegir si tratar de divisarlo mientras va hacia adelante con la frente en alto o si se da media vuelta. Luego de la segunda desición, en lo que ese ser de pueda llegar a convertir siempre va a parecerle miserable, indigno de nada, sucio. Y en el fondo, va a remorderse por eso.
Por culpa de la etiqueta y el extremismo de la gente (Piénsenlo bien) la conexión que pueda uno llegar a tener con la naturaleza, con un libro, con una buena canción, con una conversación, con la cara de la gente, con el amor, con la vida en sí, las pasiones que llegan a encendernos, se están erosionando, volviéndose una cosa cada vez más perteneciente a las modas, cada vez más bohemia y tonta; Se juzga, se revaloriza (mal), se da vuelta, se lo usa para vender...En el mundo en el que vivimos, la mayoría de las veces ser realista es ser materialista, y no serlo es pensar en todo esto, y convertirte en un soñador empedernido.
Pasamos el día haciendo acciónes inútiles, comentarios inútiles, y necesitamos una inyección contínua de ego cada día, y esto es visto como algo completamente normal, y aprobable. ¿Ven para qué lado van las aprobaciones, y los resultados que dan luego?
No se dejen llevar por la corriente, búsquense quienes son, aparten todos esos conocimientos y conductas completamente isntrascendentes y busquemos quiénes somos. Miedo vamos a tener, dudas vamos a tener, dolor vamos a tener, nadie nos lo puede negar porque es una cosa obvia, pero, verán, yo el único objetivo de vida que tengo es llegar conforme a mi vejez y preparada para morir, sin nada pendiente, en absoluta paz y lista para lo que vaya a venir. Me refiero a algo así.


Un buen comienzo es correr tras las cosas que nos parecen lindas, y que queremos incorporar a nosotros.
Por ejemplo, amo esa canción, eso ya me puede llegar a decir muchas cosas.

En fin, hasta la siguiente entrada.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Entrada siete.



¿Qué es la verdad?

Éste es un asunto muy complejo, en donde muchas ideas se ponen en debate y puede ser considerada como una pregunta universal, y esta es una de las que más gustan, las que más se saborean y desmenuzan, ya que su naturaleza implica no tener una respuesta válida. Si se quiere, se puede pensar que pregunta sobre el concepto de "verdad" implicaría pensarnos a nosotros mismos como individuos, como sociedad, como animales culturales, sobre lo que conocemos y lo que creamos. Es decir que la moral es palabra clave en este asunto.

Para muchos de nosotros, cuando nos nombran ese espectro vital en la racionalidad del ser humano, lo primero que se nos viene a la cabeza son las cosas con las que nosotros estamos plenamente de acuerdo; La verdad es la que nos dice cuál pastilla tomar si estamos resfriados o con alergias, cada cuánto tiempo o incluso hace que tomemos la medicina por la boca y no por los ojos, por la nariz o haciéndonos un corte entre los dedos. Para cualquiera de los miembros de la sociedad (desde un punto de vista muy general) la verdad es la moral, lo que está bien y lo que está mal, lo que tiene más aprobación y lo que tiene menos desaprobación, lo que da resultados efectivos y lo que no, lo que nos fortalece y lo que nos perjudica, los valores.
Este punto de vista sobre la verdad no vino de la nada; fue desarrollándose gradualmente y muchos de los pensadores más importantes a lo largo de la historia se encargaron de clasificarlos, de ponerles un rótulo o un nombre. El asunto aquí estará encarado desde un punto de vista dionisíaco ¿Qué es esto?
Dionisíaco proviene de la palabra “Dioniso” o “Dionisio” que, según la mitología griega era el dios del vino y el inspirador de la locura y el éxtasis salvaje por así decirlo (También llamado “Baco” según la mitología romana), en las fiestas o celebraciones en su honor, lo que solía hacerse era dejarse llevar por la embriaguez del vino y la diversión que éste otorgaba, sacrificando animales y pasando el momento a merced de ésta borrachera general.
Se usa este hecho para representar la respuesta a la pregunta, la historia desde el punto de vista dionisíaco, en donde la verdad la tiene el poder.

¿Qué quiere decir con que la verdad la tienen los poderosos? Ya que tocamos el tema de Grecia, es importante aclarar que no se puede pensar en las diferentes teorías del pensamiento humano sin antes tocar a la Antigua Grecia, ya que se podría una organización humana que impulsó a lo que hoy en día somos. Se señala que la verdad era (y es) de la gente aristócrata; los que pensaban, lo que fuera a salir de sus palabras fue procesado muy cuidadosamente en su cerebro previamente, por eso lo que decían era la absoluta verdad, el resto no tenía más que estar de acuerdo, ellos no eran los que pensaban, si no los que creían y se encargaban de que la verdad fuera la verdad. Partiendo de este lugar, la verdad, en sí, es una especie de embriaguez, ya que el mundo hoy en día (y basta solamente con ver a nuestro alrededor) se dividió fundamentalmente en los que piensan y en los que creen en los que piensan. Unos dan el vino y los otros se emborrachan, respectivamente. Y así se ve la historia: una guerra de infinitos contrarios con este emborrachamiento general como base, la mayoría tiene la verdad, mientras que la minoría queda opacada; quién está más impregnado de borrachera cegadora. Esto es el punto de vista dionisíaco y, como muchos estudiosos del nihilismo afirman, se usó el nombre de este dios para anteponerlo ante el concepto de Apolo, otro dios griego, que representaba lo moralmente correcto, lo bello y hermoso que se puede llegar a ser.

Es muy importante aclarar que esto ya está más allá de lo que está “bien” y lo que está “mal”. Eso es un concepto muy básico que no cabe en esta casilla ya que, a veces, la forma de pensar mayoría o el poder es considerada incorrecta y la minoría opacada es correcta. O las dos son correctas, o las dos son incorrectas. Esta idea tan simplona es el argumento para decir que la moral no existe. Como existir existe, pero es una cosa completamente moldeable y ajustable a las circunstancias en las que se encuentra; Depende del lugar, de la gente, de su accionar, y un largo etc. Es prueba suficiente decir que el esclavismo nos parece algo completamente inmoral pero que era plenamente correcto para otras épocas (De no ser así, ni siquiera se habría llevado a cabo).

Otra cosa que podemos decir para opacar a lo que es correcto es que no hace falta pensarlo con mucho detenimiento para ver que lo correcto lo único que hace es querer alcanzar a la perfección. Termino más complejo todavía, ya que la perfección es muerte. ¡Claro, es muerte! La perfección, por definición es “la cosa, organismo o individuo que reúne el más alto nivel posible de excelencia en relación a los demás elementos de su misma especie o naturaleza. Si algo es perfecto, no hay posibilidades de hacerlo mejor, ya que no existe nada superior a lo que ya se ha conseguido.” ¿Y cuál es la única situación en la que podemos llegar a experimentar este extraordinario hecho? Respondo de nuevo; la muerte. A menos que haya una “súpermuerte” o lo mencionado no exista. Profundizaría más sobre ello pero ya sería irse por las ramas.

 Lo que finalmente quiero dar a entender con este interesante concepto es que todo lo escrito es simplemente una variación de las muchas respuestas que se le puede dar a la pregunta de ¿Qué es la verdad?; una cosa manejada por la estructura del sistema, una cosa que no es en si misma, si no que es siendo dueña de las mayorías que, a su vez y gradualmente, va transformando a la moral y a la sociedad. Y no nos limitemos a los seres humanos; todo valor que pudiera ser transmitido por plantas, animales o humanos entra en esta respuesta. La verdad es la cosa en la que vos creés con total certeza hasta que puede aparecer alguien que propone otra cosa diferente pero que, con la difusión debida, también puede funcionar. Y así la verdad va reemplazándose por otras verdades.


Nos vemos en la próxima entrada.